s común que busquemos etiquetar las cosas que nos rodeen, que le demos nombre a cada cosa e incluso de que hagamos lo posible para poder encasillarlo en alguna categoría, eso lo hacemos también con nosotros mismos.
Así, intentamos ponernos etiquetas, “esta chava es buena onda” “ese chavo es un creído”, pero sin duda una de las etiquetas que más utilizamos es la de “es que no es normal”… esta frase la usamos comúnmente, tanto para referirnos a situaciones como para hablar de personas, y cuando decimos que alguien no es normal, generalmente nos referimos a las cosas que hace, pero, ¿Quién es normal?
La normalidad es más que nada una palabra que se ha empleado para construir una categoría pero no se puede definir con exactitud o a la perfección, ya que va a estar delimitada por varios factores, entre ellos la cultura en la que se está, el país, la época de la que se esté hablando e incluso los niveles educativos de las personas.
Desde varias perspectivas se puede decir que lo normal es aquello que se apega a un estándar o a un modelo predeterminado, sin embargo, este modelo estará determinado por los factores previamente dichos, además de que indudablemente estará permeado por el juicio que esté dando la persona que intenta decir o determinar que es normal, ya que cuando una persona trata de decir que alguien es normal, puede que se esté refiriendo a que esa persona se ajusta o se encuentra dentro del modelo que ella considera o que ella misma sigue, por decir un ejemplo: si a alguien le gusta mucho el chocolate y se encuentra con una persona que detesta esta golosina, es probable que la considere anormal, porque podría pensar “cómo es posible que no te guste algo delicioso como el chocolate, no puede ser normal”.
Pero por vivir bajo un marco social y desenvolvernos e interactuar con otras personas, estamos “obligadas” a actuar bajo ciertos estándares y seguir ciertas normas y reglas impuestas por externos; por ejemplo las leyes, y este puede ser un parámetro a considerar cuando se habla de normalidad, puesto que se tomaría como anormal a toda aquella persona que no esté cumpliendo con lo establecido.
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Es así como, la normalidad no puede definirse o considerarse bajo sólo un parámetro, sino que se debe considerar todo lo que la rodea, desde el aspecto social hasta tomar en cuenta lo que cada persona considera dentro de su modelo de normalidad, puesto que esto será lo que esté influyendo en lo que uno puede intentar llamar “ser normal”.

Alejandra Sánchez Herrera
alle.sanchez@psique.com.mx
Referencias:
Flores, F y Díaz J. A. (S/F). Normalidad y Anormalidad: Esquemas dicotómicos de la representación social en un grupo de profesionales de la salud mental. Revista Polis (UNAM). Extraido de: http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/polis/cont/20001/pr/pr13.pdf
Mardones, M. I. (2010). Concepto de Normalidad y Anormalidad. Psicología y Psicopedagogía. Extraído de: http://www.psicomisabel.cl/component/content/article/59-conceptodenormalidadyanormalidadps%C3%ADquica.html
Imagen: "El jardín de las delicias", "El basco", una de tres partes |