uando de educar a los hijos se trata, muchos padres recurren al castigo como una herramienta para que los niños cambien su comportamiento, al considerar que este no es el adecuado o el deseado. El castigo puede ser desde quitar ciertos privilegios como la televisión, los videojuegos, salir al parque, etc. Pasando por los insultos, las amenazas, chantajes, burlas y menosprecios, e incluso pueden llegar a ser pellizcos, golpes o sacudidas.
Todas estas acciones, van enfocadas a disciplinar al niño y a que no vuelva a cometer la falta por la que se decidió recurrir a dichas tácticas. Sin embargo, ¿en verdad funcionan los castigos para educar a los hijos?
Entre los diversos castigos se pueden distinguir dos tipos: los físicos, que abarcan las nalgadas, bofetadas, pellizcos, golpes y sacudidas; y los emocionales, que se refieren al chantaje, las amenazas, el retirar la atención y afecto, así como las burlas. Dichos castigos, tanto físicos como emocionales, en realidad muchas veces no sirven para disciplinar a los niños, mucho menos si son utilizados de forma frecuente y frente a cualquier tipo de falta.
Castigar a un menor, siempre es una decisión de los padres, tutores o figuras de autoridad; lo cierto es, que muchas veces en vez de ayudar a que el niño mejore su conducta, dejan importantes huellas en el niño, produciendo inseguridad, enojo, frustración, miedo, rebeldía e incluso deseos de venganza.
De igual forma el castigar puede tener varias desventajas, una de ellas sería el hecho de que el menor, en vez de aprender cómo comportarse, actúe sólo en función de evitar un castigo, ya sea por miedo a este, o porque en cuanto sienta que no es vigilado, planea volver a comportarse como solía hacerlo.
Así mismo, utilizar frecuentemente esa clase de castigos puede propiciar que lo hijos comiencen a acostumbrarse a ellos, dejando de verlos tan amenazantes e incluso adaptándose a ellos y creando estrategias para cometer ciertas faltas y evitar un castigo.
Algunas de las consecuencias del castigo son la baja autoestima, ansiedad, tensión, problemas en la escuela, al igual que la presencia de conductas agresivas, pues educar a los hijos de esta manera implica que ellos pueden pensar que es la manera correcta de solucionar un problema y hay una probabilidad más alta de que así se conduzcan con la gente que les rodea, ya sea en su niñez como en etapas posteriores de su vida.
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Por estas situaciones, es mejor evitar todas estas acciones en la formación de los hijos. Muchas veces no es fácil, pues como padres no se está exento de perder el control, pero, si esto sucede, muchas veces disculparse con los niños es recomendado. Siempre y cuando no sea algo que suceda con frecuencia, de otro modo, las disculpas pierden su valor y de nada servirán.
Lo recomendable es establecer límites y reglas claras, así como explicar al menor las consecuencias que pueden tener sus actos y enseñarle a hacerse responsable de estos. Es muy importante no olvidar que se predica con el ejemplo, y que actuando con coherencia y pidiendo lo que damos, es como nuestros hijos también aprenderán a desenvolverse de una mejor forma en su entorno y a solucionar los problemas sin violencia.

Raquel Vega Salgado
raquel@psique.com.mx
Referencias:
-El castigo físico en los niños. Obtenido el martes 11 de enero de 2012 desde http://www.cosasdelainfancia.com/biblioteca-compor04.htm
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Romero, N. ¿Son necesarios los castigos y golpes? En Guía de Padres. México: Editorial Infantil y Educación.
Imagen: Max Ernst. La virgen castigando al Niño Jesús delante de tres testigos: André Breton, Paul Eluard y el pintor (1926) |