i bien es cierto que la comida constituye un elemento base para la sobrevivencia de los seres vivos, para el hombre llega a ser mucho más que eso. A través de los años los alimentos se han convertido, no solamente en un componente de satisfacción del hambre, sino en un símbolo de status.
Es decir, dependiendo de la clase social y los alcances financieros una persona consume cierto tipo de alimentos que otros que no se encuentran en la misma situación, es por eso que la comida se ha convertido en otro indicador del estilo de vida y nivel económico, no solo de una persona, sino de familias enteras.
Pero en todo esto, ¿dónde queda el amor? El amor es una emoción que a través de los siglos se ha convertido en estandarte de las artes, desde la pintura, la escultura, hasta el canto y la filosofía en las cuales se ha tratado de definir lo que el amor es, de dónde viene y cómo manejarlo, sin embargo, no se necesita ser pintor, escultor, poeta o intelectual para poder observar un poco esta emoción.
En México, solo hace pocos años, ha ido incrementando una vocación que se define a sí misma como ciencia y cómo arte, la cual se dedica a una sola cosa: los alimentos. Y no solamente a su estudio de qué es lo que los compone o cuales son más saludables para el ser humano, sino a manufacturar aquellos platillos que deleitarán de mayor grado los paladares de la gente.
¿Han visto la película de Ratatouille? ¿Recuerdan al crítico Ego? Para quienes no hallan visto esta película Ego es un critico de comida muy respetado en París y Ratatouille es un platillo de comida que, para la alta cocina, es algo sumamente sencillo equiparable en México con un plato de frijoles y arroz.
En la trama el gran Chef Gusteau muere después de las críticas negativas que Ego le hace a su restaurante, después una rata llamada Remy que admiraba al Chef llega a Paris y con ayuda de Linguini, el lavaplatos, se convierten en grandes Chefs, lo que vuelve a captar la atención de Ego y quien regresa con el único objetivo de cerrar el restaurante. Sin embargo al probar el platillo que Remy le envía, termina alabando a la rata, al restaurante y perdiendo todo su prestigio.
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Pero ¿por qué razón pasa esto? ¿Qué hace que el crítico cambie de parecer de tal forma con un solo platillo? La respuesta a estas preguntas son: la comida y el amor. Nada se equipara con el amor de una madre o de la familia y la comida es un puente que nos puede hacer revivir los momentos mas preciados de nuestra infancia, esto pasa porque los alimentos se convierte en un lazo que nos vincula a la casa, a la familia y al cariño que ahí se nos proporcionaba, un lugar de resguardo dónde se podía estar a salvo.
Esto se observa en frases cotidianas como: “mi abuelita hacía la mejor comida de todo el mundo”, “hasta ahora no he probado nada tan rico como la comida de mi mamá”, “nadie cocina tan rico como en mi casa”; incluso un restaurante con la mejor comida y los platillos más sofisticados no reemplazarán un buen plato de alimentos preparados por la abuela o la mamá.
Y aunque el platillo más caro que se pueda conseguir, el comer en algunos tipos de restaurantes o viajar por el mundo para probar diferentes platillos exóticos que nos dará un cierto estatus, siempre estarán las ganas de comer un buen plato de frijoles o unos tacos de la esquina o una sopa de la abuela.
Abigail Sánchez Ordoñez
abigail@psique.com.mx

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